El US Surgeon General, Vivek Murthy (aquí no tenemos esta reputada figura científica) pidió hace unos días que las bebidas alcohólicas lleven etiquetas que adviertan de su conexión con el cáncer, al igual que el tabaco.
El nuevo informe publicado encontró que el alcohol es la tercera causa de cáncer prevenible en los Estados Unidos. El alcohol conduce a un mayor riesgo de al menos siete tipos de cáncer: boca, garganta, cuerdas vocales, mama, hígado, colon y recto. Solo la mitad de la población americana es conocedora de que el consumo de alcohol incrementa el riesgo de cáncer. Al considerar si beber o cuánto, hay que tener en cuenta que menos es mejor cuando se trata del riesgo de cáncer.
El llamamiento de Murthy a las etiquetas de advertencia, que tendrían que ser autorizadas por el Congreso, refleja la creciente evidencia de investigación que vincula el consumo de alcohol, incluso en cantidades pequeñas, con mayores posibilidades de cáncer, sin ofrecer ningún beneficio para la salud. Los grupos de salud pública también han intensificado su defensa, instando a los legisladores a tomar medidas para aumentar la conciencia sobre los riesgos. Pero tales llamamientos se han topado con la resistencia del lobby del alcohol, y algunos paneles científicos también han adoptado puntos de vista divergentes sobre los posibles beneficios para la salud si se usa la moderación en la bebida. Un importante informe de las Academias Nacionales de Ciencias, Ingeniería y Medicina publicado el mes pasado, por ejemplo, encontró que el consumo moderado de alcohol se asoció con tasas más bajas de muerte en general y en particular por ataques cardíacos y accidentes cerebrovasculares, en comparación con el no consumo de alcohol.
Sin embargo, cuanto mayor es el consumo de alcohol de las personas, mayores son los riesgos de cáncer a los que se enfrentan. En términos generales «consumir cualquier tipo de alcohol (cerveza, vino o licores) aumenta el riesgo de al menos siete tipos de cáncer». Su informe encontró que el alcohol contribuye a 100,000 casos de cáncer y 20,000 muertes por cáncer cada año.
Las recomendaciones de Murthy incluyen actualizar la advertencia actual sobre las bebidas alcohólicas, que dice que las mujeres embarazadas no deben beber, que el alcohol afecta su capacidad para conducir un automóvil u operar maquinaria, y que puede causar problemas de salud, para especificar que conllevan también un mayor riesgo de cáncer. No obstante, tampoco hay que asustar a la población. El riesgo del tabaco es veinte veces mayor que el del alcohol y el cáncer de mama. Como el alcohol pasa por boca y garganta, llega a colon e hígado y se metaboliza, pudiendo dañar el ADN y también impactar en los niveles hormonales en el caso del cáncer de mama.
Pasadas las Navidades y con esta advertencia en los EE. UU., que veremos en qué queda con la nueva administración, hablemos del alcohol y de lo que podemos hacer en términos de educación sanitaria, prevención de la enfermedad y promoción de la salud, en población general. Socialmente está muy aceptado el consumo por lo que vale la pena intentar, una vez más, dejar las cosas claras. Se necesitan más evidencia científica que evalúe con rigor los efectos en la salud del consumo moderado de alcohol. Y necesitamos que los medios de comunicación traten el tema con los matices que requiere. Los estudios más recientes no son necesariamente mejores que las investigaciones más antiguas. Es difícil escapar del mensaje que cada sorbo de vino, cada trago de cerveza es malo para la salud. La evidencia es más matizada. Los últimos 60 años de investigaciones sobre los efectos del alcohol en la salud ha demostrado que incluso un consumo modesto de alcohol probablemente aumenta el riesgo de ciertas enfermedades, como el cáncer. Y el consumo excesivo de alcohol es inequívocamente perjudicial para la salud.
Algunas revistas científicas señalan los resultados de un nuevo estudio que encontró que incluso pequeñas cantidades de alcohol pueden ser dañinas.
En los estudios de correlaciones falta suficiente contexto y conocer a fondo sus limitaciones. En los estudios observacionales, donde podemos seleccionar subgrupos por parte de los investigadores y seguirles en el tiempo, se suele encontrar que el consumo limitado de alcohol en un patrón recomendado se correlaciona con un menor riesgo de mortalidad.
Aquellos que tratan de corregir esta visión simplista son menospreciados como peones de la industria, incluso cuando no existen conflictos de intereses. Mientras, algunos autores de estudios que sugieren que el alcohol no es saludable han recibido dinero de organizaciones anti-alcohol. Pueden pasar décadas, como ocurrió con el tabaco, antes del etiquetado. Pensemos ya en buenos anuncios, en la prohibición de espacios públicos y en una mayor fiscalidad.
