Conocí a Jordi Colomer en el primer Congreso de Gestión Clínica en el Hospital Vall d’Hebron en 1998 y desde entonces hemos ido de la mano a muchas cosas, coincidíamos en el fuerte carácter y la independencia.

Conocí su enfermedad, sus altos y sus bajos, y no me ha extrañado que, por su fuerte personalidad, él mismo haya decidido el momento y la forma de la muerte.

Descanse en paz, le echaremos mucho de menos.

Hemos cogido de LinkedIn uno de sus últimos escritos, que dejan claro el tipo de profesional que era: una persona rompedora, el cirujano que se cosía sus propias heridas en las carreras y que nunca quiso un despacho con bandera.

De momento, el viaje por el Cancerland propio es bastante correcto y parece controlado. No ha sido así con compañeros a los que, por ser médico, he dado apoyo y he vivido sus experiencias en el sistema de salud.

Me cuesta entender que, con la tecnificación, la socialización del conocimiento, etc., no seamos capaces de entender que la asistencia no es exclusiva de médicos y enfermeras. El rol de los técnicos en general está infravalorado y cuenta con una resistencia por parte de los colegios de médicos y enfermería. Es comprensible, pero deberían saber que la realidad se impone a la obstinación de las personas.

Disponemos de suficientes médicos, pero su actividad puede ser realizada sin problemas —y con evidencias en otros países— por enfermeras y técnicos; del mismo modo que determinadas tareas de enfermería (de las cuales, además, tenemos carencia) las pueden hacer técnicos, como la instrumentación quirúrgica o los perfusionistas, por ejemplo, y esto liberaría puestos de trabajo de enfermería. Como en su día se liberaron en los servicios de laboratorios puestos de trabajo de enfermería con la presencia de técnicos de laboratorio (experiencia personal en Viladecans y HUVH).

Los médicos curan (lo intentan), pero cuidar es más propio de la enfermería y, en ocasiones, de otros técnicos (auxiliares, trabajo social, etc.). Esta reflexión era difundida en el HUVH cuando tuve responsabilidad, con un rechazo que puedes intuir.

El tema de los paramédicos es lo suficientemente importante e impactante como para preguntarnos qué estamos haciendo con las prestaciones en personal de nuestras (SVA) y, a la vez, quejarnos de que faltan profesionales. En el ámbito de los recursos empleados en los pacientes crónicos, países de nuestro entorno dan más atribuciones a la enfermería (que debería dejar de hacer otras cosas) y más responsabilidades a técnicos como el Physician assistant y el Surgical assistant. Los cambios en la formación quirúrgica han motivado una directiva europea que pone de manifiesto la promoción de los profesionales quirúrgicos. El presidente Macron de Francia, de las 54 medidas para la reforma del sistema de salud, destacaba la formación de 4.000 profesionales no médicos para poder incluirlos en el sistema en el año 2022.

Esta diversidad en la atención asistencial ya fue motivo de dos entradas en LinkedIn en su momento: «ni pocos ni muchos, los justos» y «sota, caballo y rey» (2019), siguiendo después las reflexiones de Ezequiel J. Emanuel en “Prescription for the future”, donde hay mucho camino por recorrer en la atención de crónicos, mucho más exigente en demanda de recursos que en la atención urgente.

Sí, según Henry Mintzberg, y entiendo que entonces hay que realizar acciones en la oferta. Hay que separar la curación (médicos), el cuidado (enfermería, técnicos), el control (enfermería, técnicos) y la comunidad (farmacéuticos y técnicos). No es exhaustivo y puede haber superposiciones, pero se debe identificar cuál es el rol principal entre los profesionales y cuál es su papel en cada etapa. Este es el titular que se debería debatir. Entiendo que la sociedad en general no está suficientemente informada ni los profesionales están motivados: pero como nos dicen que es imposible, nadie lo ha intentado.

Gracias por el interés, pero soy consciente, tras mi paso profesional, de que mis opiniones son inversamente proporcionales a su capacidad de influencia.

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