En la Fundación Gaspar Casal hemos elaborado el informe «Envejecer con salud: la prevención como aliada del bienestar en la etapa adulta» impulsado por Pfizer. No es un documento más sobre demografía; es un manifiesto sobre cómo debemos transformar nuestra visión de la salud si queremos que la longevidad sea un éxito social y no una carga para el sistema.

La premisa es sencilla pero urgente: el envejecimiento saludable no comienza a los 65 años, sino que se construye en la etapa adulta. En un país como España, donde la esperanza de vida es de la segunda más alta del mundo, tras Japón, nos enfrentamos a una paradoja: vivimos más, pero lo hacemos con mala calidad de vida (la carga de enfermedad crónica que afecta al 80% de nuestros mayores). La pregunta que lanzamos a la comunidad sanitaria y a la sociedad es: ¿estamos ganando vida a los años o solo años a la vida? Para responder a este reto, el informe propone una Hoja de Ruta que actúa simultáneamente en los tres niveles esenciales: política, gestión y práctica clínica.

En el nivel macro, proponemos políticas de salud pública que garanticen la equidad y la cohesión; no podemos permitir que el código postal determine la calidad del envejecimiento. Necesitamos un calendario vacunal nacional único, robusto y financiado para el adulto, entendiendo que la inmunización es una herramienta de sostenibilidad básica que previene la discapacidad y el deterioro funcional a largo plazo.

En el nivel meso, el de la gestión y organización, abogamos por una integración real sociosanitaria que supere la actual fragmentación de servicios. El informe subraya la importancia de implementar tecnologías e historias clínicas interoperables que permitan un seguimiento continuo del paciente. Es crucial reforzar la coordinación entre niveles asistenciales y revalorizar el papel de la farmacia comunitaria como un nodo estratégico de proximidad para la educación sanitaria y la detección precoz de la fragilidad en el entorno local.

Finalmente, en el nivel micro, el de la práctica clínica y la relación con el ciudadano, debemos empoderar a la persona para que sea corresponsable de su salud. Esto implica fomentar hábitos de vida saludables y, sobre todo, combatir de raíz el edadismo, esa barrera cultural que invisibiliza el talento sénior y limita la participación social. La detección precoz en la consulta debe ser una prioridad para intervenir antes de que la dependencia sea irreversible, especialmente en pacientes con cronicidad compleja.

Invertir en prevención no es un gasto, es una decisión económica inteligente con altísimo retorno. Cada hospitalización evitada y cada año de vida ganado con autonomía suponen un retorno directo en salud, productividad y eficiencia para el Estado que ve aminorado el gasto sanitario y social.

La sociedad civil debe presionar y los políticos que asignan recursos, recoger el guante. No hablamos de «los mayores» como un grupo ajeno, hablamos de nosotros mismos hoy o en el futuro. Es hora de actuar con determinación para que, dentro de unos años, podamos decir que supimos anticiparnos al reto más importante de nuestro siglo y así, conseguir un envejecimiento con la máxima autonomía y calidad de vida.

Fundación Gaspar Casal y Pfizer (2026). Envejecer con salud: la prevención como aliada del bienestar en la etapa adulta. https://static.webfiles.pfizer.com/HOJADERUTAENVEJECIMIENTOACTIVO

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