Lo primero que me ha sorprendido de la novela de Mary Shelley es que la escribiera en la primera década del siglo XIX, y con solo 18 años. Es más citada en Google que Macbeth. Imagino la cabeza de Mary durante su redacción como una olla a presión que necesitaba buscar aliviaderos. Y creo que algunos encontró. Aunque duda, y no poco, con el trazo dado a la figura de Víctor Frankenstein. En esta entrada pretendo abordar el uso que hace del método científico en su comportamiento, ciertamente descuidado. Víctor es sobre todo, la ambición y  la arrogancia, la hibris. Muy presentes en muchos científicos. Desafía a la muerte misma. Su confianza en sí mismo es tan excesiva que no se plantea las consecuencias morales de sus actos.

Frankenstein nos avisa de un mundo en el que la tecnología controla a la gente en lugar de la inversa. Toma decisiones equivocadas una y otra vez. Las personas usaban la tecnología para controlar a otras personas pero hoy, es la tecnología (v.g. Facebook y Google), la que controla en este caso -a través de sus algoritmos- a las personas.

Shelley explora al menos tres aspectos relacionados con la responsabilidad: la de Víctor por los actos criminales cometidos por su creación y la amenaza que supone para su familia y amigos; la responsabilidad de éste para con su creación, su bienestar y su felicidad; y las consecuencias de esta gravosa responsabilidad para el mismo tanto física como emocionalmente. Un científico no se suele comportar así. Ahora bien, estamos ante una novela gótica, la trama es fantástica, el paisaje dramático, y el héroe, condenado. Como lector nos preguntamos si Víctor podría haberse comportado de manera más responsable. Mary no nos cuenta que debería haber hecho Víctor. Nos corresponde hacerlo a nosotros, los lectores.

Es un texto que ha envejecido envidiablemente bien. En la investigación sobre la vida como base material somos conscientes de lo mucho que todavía no sabemos. Víctor y su criatura no humana nos ayudan a hacernos una idea y comprender la naturaleza humana.

Las decisiones de Víctor Frankenstein son fatales, no por su deseo de conocimiento sino por su empeño en evitarlo. Mary deja claro desde el principio que cualquier utilidad científica de su trabajo tiene muy poco interés para él. Su búsqueda es la gloria personal, el poder y la fama, y su ambición lo lleva a convertirse en monstruo mucho peor que la criatura que crea. Rechaza la investigación concienzuda y aburrida, pone en práctica sus ideas sin probar (los experimentos son la base del método científico) que, además, ya habían sido desacreditadas en la época de Mary. No piensa las cosas a fondo, su destrucción es producto de su carencia de curiosidad y de su narcisismo. Olvida la obligación de cuidar a su creación, no es por tanto un científico responsable, todas las tragedias de las que se considera culpable se habrían evitado y él habría recibido los elogios que tanto deseaba.

Víctor es, evidentemente, un personaje de ficción de un relato gótico, aunque la captura de su imaginación por una idea al descubrimiento teórico que se niega a compartir, el silenciamiento de su empeño, la repugnancia de su creación en su éxito final, y una asunción de responsabilidad y la persecución de contenerla, no se da exclusivamente en el ámbito de la ficción. Se ha dado en siglo XX, por ejemplo, con la creación de las primeras bombas atómicas.

Talento superlativo, el de Mary Shelley, que te atrapa y te hace reflexionar sobre asuntos de gran calado humano.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s