Mucho bienestar trae pereza y ésta favorece la entrada acrítica de tecnologías como la Inteligencia Artificial (IA) que retroalimenta nuestra premisa y erosiona nuestras capacidades fundamentales.
El 30 de noviembre de 2022 se lanzó ChatGPT que ha provocado un giro intelectual y creativo como en su momento lo hizo www. Uno no se puede resistir a los avances tecnológicos, pero sí analizar críticamente su impacto sobre nuestras aptitudes y actitudes. Me estoy refiriendo a pensamiento y libertad.
La IA generativa puede causar varias patologías.
La primera, indolencia. Si la mayoría de la gente extrae beneficios de ciertas esferas de la vida (nos la hace más cómoda, por ejemplo), entonces esto funda su valor social y político (tenemos primeros ministros recibiendo a CEOs de estas compañías como si fueran sus iguales …).
La segunda, nos desposee de nosotros mismos, es decir, de nuestra voluntad de ejercer nuestras propias facultades en el marco del trabajo y de la vida cotidiana. Marx lo llamaba alienación. Cuántos más se desprendan de sus atributos, más irreversible se hace. Y quién se ha habituado al infierno es inmune a cambiar su vida, aunque sea en su propio interés. Esta es la configuración tecnológica que le daría un espesor nuevo a Internet. Ya ocurrió con la televisión y Pasolini nos advertía de la captura total de la atención y el debilitamiento de la vitalidad social.
Son legiones de personas invisibles las que hacen andar ese mecanismo de relojería algorítmico, basado en nuestro punto más débil: la naturaleza perezosa de la que se están aprovechando masivamente tres o cuatro cuatreros.
