El estado del conocimiento médico en 2020 al comienzo de la pandemia hacía imperativo recoger datos de una manera sistemática y confirmar el diagnóstico previo mediante autopsia. Había incapacidad de conciliar certezas con la contingencia de una enfermedad hasta entonces desconocida. En diciembre de ese año se confirmó que la edad era el factor predictor más importante de enfermedad crítica y muerte. El tiempo ayudó a transformar el diagnóstico en pronóstico, intubando a pacientes en riesgo inminente de colapso respiratorio. Salvó muchas vidas. El prono y los aparatos de ventilación con presión positiva no invasiva ayudaron a muchos pacientes. Se aprendió que tratar a algunos con ventilación agresiva era necesario.

Hubo aprendizaje experiencial a través del hacer que sirvió de bálsamo a la ignorancia. El tiempo es consustancial a todo lo que hacemos en clínica. Los pacientes no se veían tan enfermos como realmente estaban. Esto produjo falsa seguridad a los facultativos.

Observamos tanto una enfermedad aguda con evolución rápida e imprevisible a otra que se prolongaba hasta convertirse en una discapacidad permanente, el COVID-19 persistente. Para evaluar las consecuencias del largo plazo solo necesitas tiempo. Hemos aprendido haciendo.

El Chronos mide el tiempo que toma llegar a destino. El Kairós, no mide nada, sino que toma la medida de la ocasión, pregunta por el momento adecuado de hacerlo. El personal sanitario que estuvo en primera línea de fuego intentó conciliar lo mejor que pudo Chronos y Kairós. Les debemos una gratitud infinita.

Deja un comentario