La Fundación Gaspar Casal lleva en su ADN la preocupación por el análisis de los datos, imprescindibles para arrojar luz al diagnóstico de situación que luego te lleve a acertadas terapias. Y esto en política y gestión sanitarias, es vital. Ya entre 2000 y 2004 publicamos el Sistemas de Información Sanitaria en España (SISAN), y entre 2004 y 2006 Indicadores Sanitarios en CCAA (ISCAS) cuyas bases de datos fueron entregadas al Ministerio de Sanidad en 2007. Álvaro Hidalgo y Santiago Pérez fueron puntales en ambos proyectos.

En 2014 iniciamos una serie de análisis a partir de la explotación de Indicadores Clave del SNSE que cuelga el Ministerio de Sanidad en su portal estadístico. Acabamos de publicar el cuarto libro que nos permite monitorizar el desempeño del SNSE, y a diferencia de las anteriores ediciones, la hoja de ruta no puede dejar de considerar la realidad de los cambios que ha ocasionado la pandemia, y que en la edición del 2023 su foto será mucho más definida. Gracias a SEDISA por su patrocinio, y como no, al alma del proyecto: Alicia Coduras. Aquí lo tenéis.

Dado que los datos con que se ha confeccionado este informe corresponden en su mayoría a los años 2017, 2018, 2019 y, en pocos indicadores a 2020, la primera sugerencia debe referirse al apartado de información y su disponibilidad y, el resto, se refieren a cada gran apartado hasta donde ha sido posible.

  • Es imprescindible disponer de datos actualizados del sector salud y del ámbito social para mejorar la gestión y permitir evaluar el desempeño de los sistemas de salud, cuidado y bienestar. La digitalización y centralización de la información pública y privada en referencia a los indicadores clave de la sanidad en España, debería de acelerarse, homogeneizarse y hacerse accesible de forma que estuviese disponible, como mucho, en referencia al año anterior al año en curso. La pandemia ha hecho más evidente, si cabe, lo necesario que es progresar en este apartado para que los investigadores puedan trabajar con datos recientes y para que las fuentes internacionales que los publican y comparan con los de otros países puedan llevar a cabo este trabajo. La dificultad que representa el buscar y no hallar datos de, cuando menos el año anterior, en fuentes internacionales para la mayoría de los indicadores clave de España no está permitiendo presentar informes y análisis comparativos de mucho aspectos de nuestro SNS de forma que sean útiles. Esta edición es un claro ejemplo, pues no se pueden diseñar medidas para el año 2022 con datos de 2019 cuando la pandemia ha cambiado la tendencia y magnitud de muchos indicadores sin que se sepa su alcance e impacto real, no sólo a nivel nacional sino por Autonomías en un sistema descentralizado como es el español. Más aún, el abismo existente en los sistemas de información de carácter social y los de salud ha sido evidente con el impacto de la pandemia, por ejemplo, en las residencias de mayores, mostrando que esa fragmentación de la información es enormemente disfuncional para la gestión cotidiana y la evaluación periódica del desempeño en el ámbito sociosanitario.
  • La población española continúa envejeciendo. En cuanto a la configuración socioeconómica del entorno del usuario del sistema sanitario, los datos muestran cómo la población española ha seguido aumentando, pero con la tasa de natalidad más baja que hemos tenido en nuestra historia, de forma que estamos llegando al punto en que la compensación del envejecimiento de la población no se puede paliar de forma natural. Las condiciones de vida actuales, endurecidas por la situación sanitaria, la incertidumbre económica y hasta los temas candentes como los relacionados con el clima, el género y similares, no alientan a las personas jóvenes a formar familias más allá de con un hijo o dos de forma casi excepcional. La forma de vida actual tampoco es natural en cuanto a la edad de independización de los hijos en muchos hogares y todo ello retrasa la formación de hogares jóvenes y la permanencia de los hijos a la sombra de los padres durante un período mucho más dilatado que en el pasado. La falta de empleo y remuneración adecuada para los jóvenes es un gran problema que tiene, además de esta consecuencia, otras en cuanto a salud mental, insomnio, ansiedad, estrés, falta de vitalidad e ilusión, que evidencian la necesidad, no sólo de profesionales sanitarios al uso, sino capaces de conectar con toda esta problemática de fondo que comienza a ser crónica. En este momento, no basta ya con políticas públicas de fomento de la natalidad como en el pasado, sino que éstas deben ir acompañadas de una estrategia de creación de empleo actualizada y adaptada al escenario actual donde hay miles de jóvenes con carreras universitarias que no ven la forma de cumplir con un mínimo de sus expectativas profesionales. Si no se hallan mejores propuestas para progresar respecto de este problema, las consecuencias impactarán en el SNS progresivamente. En este sentido, hay que pensar que el SNS se verá presionado por dos bandos: la problemática de atender a un sector de la población cada vez más grande de personas mayores con múltiples patologías, por un lado, y la problemática de atender a un sector joven de la población que no ha podido desarrollarse profesional y afectivamente como lo hicieron las generaciones pasadas, lo cual representa un escenario nuevo de salud a enfrentar. Estos cambios llevan a la consideración de analizar la necesidad de nuevos conocimientos capaces de atender a personas con problemas de salud que anteriormente no se consideraban porque no se daban de forma significativa en la sociedad.
  • Comportamiento dispar de los indicadores de estado de salud que requiere especial atención sobre la obesidad y sobrepeso, hipertensión y salud mental. En cuanto al estado de salud, los datos hasta 2019 tuvieron un comportamiento acorde con los años anteriores a la pandemia, progresando en diversas patologías en su incidencia y mostrando estabilidad en otras. No obstante, antes de la pandemia se aprecia una importante progresión de la enfermedad hipertensiva, claro reflejo de los estilos de vida actuales, del estrés y del temor constante que la pandemia ha agravado ostensiblemente, respecto de la forma de ver la vida. El aumento de prescripción de medicamentos para combatir la ansiedad, la depresión y el miedo ha aumentado de forma que sugiere que ambas variables pueden estar relacionadas. Por consiguiente, de nuevo regresamos a la importancia de la salud mental en cuanto a la mejora de la salud general de la población. Este apartado, claramente deficitario en cuanto a contratación de personal para atención pública necesita actualmente, y aún más en plena pandemia, de una importante revisión y planificación, pues de su mejora puede depender también parte de la morbilidad y la mortalidad en otras patologías.
  • Es necesaria una evaluación en profundidad y con altura de miras sobre una pandemia que ha tensionado enormemente un sistema de salud que, pese al shock de la primera ola- está mostrando su resiliencia. Durante la pandemia, los profesionales se han visto desbordados tanto por la COVID-19 como para seguir atendiendo a los pacientes con otras patologías. Se ha podido ver la necesidad de aislar los casos COVID-19 del resto de atención y se han ido tomando medidas sobre la marcha, lo más acertadas posible por parte de los profesionales. La necesidad de remodelar internamente hospitales, servicios e incluso hoteles y otros dispositivos se ha abordado cuando ello ha sido necesario, pero no se ha podido evitar el impacto de todo ello tanto en consultas de AP como de AE durante el año 2020. Por consiguiente, la recomendación en este sentido es la de aprender de la experiencia vivida y de las decisiones que se han tomado sobre la marcha, para diseñar planes de actuación en función de distintos escenarios relacionado con la incidencia de la pandemia adaptados a cada hospital y centro de salud, incluyendo una sección de colaboración con los centros privados del entorno si resulta necesario. Esta labor es compleja porque abarca la planificación de espacios, personal, recursos y otros aspectos, pero la pandemia ha revelado lo necesario que es, así como el disponer de reservas de material de protección, dispositivos mecánicos de varios tipos, unidades de cuidados intensivos y un largo etcétera. Estas acciones deberían estar encaminadas a poder atender la COVID-19 sin dejar de atender todo el resto de las patologías, porque, como demuestran los datos de accesibilidad, las listas de espera y los tiempos de espera tanto para intervenciones como de consultas han sufrido aumentos muy elevados en toda España
  • Impacto preliminar de la pandemia. La accesibilidad es el apartado más impactado por la pandemia a la luz de los datos disponibles de 2020. En lo que se refiere a vacunación y otros indicadores que no son de lista y tiempos de espera, el SNS ha seguido funcionando bien y, es más, en el apartado de vacunación contra el COVID-19, España ha constituido un ejemplo de buen hacer. Así, el nuestro ha sido uno de los países que ha abordado este proceso de forma rápida y efectiva, demostrando que los profesionales sanitarios han sabido organizarlo, ejecutarlo y registrarlo bien. En este sentido, se recomienda aprender de este proceso en cuanto a la forma en que se ha planificado y en la forma en que se ha documentado digitalmente, pues los ciudadanos han sido citados de forma muy organizada (independientemente del tiempo de espera en algunas colas) y han dispuesto de sus certificados muy rápidamente. El caso no deja de llamar la atención, pues muestra que cuando hay voluntad de hacerlo, la coordinación y la digitalización funciona muy bien. Si se pudiese aplicar en otros apartados, se daría un gran paso en la mejora de la calidad del SNS. En el apartado de recursos, antes de la pandemia se reclamaba una mayor contratación de profesionales en general y mayor inversión en actualización de equipos y, por supuesto, en investigación. La pandemia ha evidenciado la necesidad de todo ello y, además la falta de una reserva estratégica de material de calidad para la protección de los profesionales sanitarios. De haberse contado con todo ello, el impacto en su salud habría sido menor. Hay que contar con efectivos suficientes para atender puntas inesperadas (algo así como un colectivo de reserva al que poder llamar cuando el personal se ve desbordado) y con una reserva estratégica de productos de protección y para montar UCIs y otras instalaciones de forma rápida y efectiva cuando sea necesario, así como disponer de un listado actualizado de empresas proveedoras que puedan colaborar rápidamente con la sanidad en diversos aspectos cuando hay una situación de emergencia.
  • Los sistemas de información han de mostrar el valor del sistema sanitario para la salud de individuos y poblaciones con datos abiertos para uso de decisores, gestores, clínicos, investigadores y emprendedores y desglose al menos al nivel de organización sanitaria. En efecto, con datos desactualizados, agregados, poco comparables y que no muestran la creación de valor en salud para individuos y poblaciones, nuestro sistema de salud va a quedarse atrás en la senda de la transformación digital y de la economía de los datos. Por ejemplo, en cuanto a los datos de efectividad, se recomienda no sólo su actualización, sino el contemplar si se pueden añadir algunos indicadores más en los próximos años, especialmente relacionados con la Atención Sanitaria basada en Valor, así como los ligados a la pandemia (efectividad de las vacunas, sus tipos, datos sobre reacciones adversas y similares, etc.).
  • Frecuentación de servicios y alfabetización digital. En cuanto a uso, la población había comenzado a moderar la frecuentación antes de la pandemia y ha aprendido a hacerlo, así como a utilizar la cita telefónica o audiovisual cuando la consulta que desea hacer el usuario no requiere, en principio, ir presencialmente al centro de salud. En este sentido, se recomienda intensificar la educación de la población para saber valorar cuándo una situación debe conducir a una cita presencial o virtual y cómo llevar a cabo ésta última. No hay que olvidar que, en el caso de la población mayor o discapacitada, este sistema no resulta ni sencillo ni admisible desde su punto de vista, por lo que hay que trabajar para mejorar la comunicación entre profesionales y usuarios con problemas de este tipo. En este sentido, contar con más personal auxiliar para poder atender mejor a estas personas parece un tema a considerar. Por otro lado, en cuanto a la prescripción de antibióticos, el sistema se muestra bien encaminado con reducciones importantes en todo el territorio, pero la prescripción de antidepresivos, ansiolíticos y similares creció antes de la pandemia y seguro que ha aumentado durante la misma. En este sentido, ya se ha comentado que es necesario abordar el diseño de un plan de atención a la salud mental mucho más ambicioso que el actual, pues éste no cubre las necesidades actuales de la población afectada.

Finalmente, es imprescindible que la sanidad española disponga de un cuadro de mando de alto nivel con actualización a tiempo real de gran parte de los indicadores de desempeño y que esté estructurado en base a la Cuádruple Meta del sistema sanitario, lo cual implica no descuidar la monitorización regular de la experiencia de la atención a pacientes, cuidadores y ciudadanos, así como el bienestar y experiencia de los profesionales sanitarios. Así, sería importante la realización de más estudios no sólo entre los usuarios o la población general, sino especialmente en el colectivo de profesionales sanitarios, ya que se sabe muy poco con datos contrastados y muestras diseñadas estadísticamente acerca de cómo se han sentido durante la pandemia, las carencias que han tenido, cómo ven las necesidades actuales, sus condiciones de trabajo y otros temas relevantes.

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